Nacida en el mes del espino sagrado

¡Qué suerte que conoces bien a las Horas! Estas hijas de Zeus y Temis, guardianas de las puertas del cielo, son difíciles de conocer y establecer. Eunomia es la Equidad, Dike es la Justicia e Irene es
la Paz. ¿Es que las tres se han ido de este mundo? ¡Dimelo tú que las conoces!
¡Ah! Tu tiempo está dominado por Taurus… Vosotros estáis emparentados con los bardos celtas y los druidas. Respondeis positivamente con gran calidad personal. En ese tiempo crece el espino sagrado sobre los pozos de las hadas. Nacen las personas que son buenas escuchas, honrados y sinceros amigos. ¿Violento Ixion? ¡Fue condenado por intentar unirse a Hera! ¿Es delito enamorarse de las diosas? ¿No es terrible el castigo de dar vueltas, huir y perseguirse a sí mismo toda la vida? Encontrarte con Bragi, patrocinador de los poetas, esposo de mi amada Idun. ¡Claro! Y beber de la Taza de Bragi, lleno del licor de aguamiel de la poesía. ¿Invocar la ayuda de Saturno? El bestia ese que destroza a su padre Cielo-Urano, seccionándole los genitales con ayuda de su madre Tierra-Gea, para hacerse amo de los mundos celestiales …
Yo prefiero beber en el monte Helicón de la fuente de la Ninfa Castalia, que ofrece el don de la poesía. Pero … no sé… he bebido de la fuente de la ninfa Aganipe y no soy poeta.
Sólo me queda la esperanza de encontrar un peine con mechones de cabellos de alguna Ondina de ojos verdes, de las que saltan desnudas y alegres, en las cascadas de este Pirineo, morada de los dioses expulsados del Olimpo. Las Horas van montadas en lo caballos del Sol, que, borrachos de ambrosia y vomitando fuego, huyen veloces a no sé dónde.
Atho








“Sabed que el mundo es un espejo de arriba a abajo,
Hay nieve en mi jardín. Nieve blanca y mullida. ¡Una preciosidad! ¡Cómo es posible que una cosa tan hermosa venga unida a lo que detesto tanto como es el frío! Me siento partida en dos, la que siente la belleza de la naturaleza, de un invierno en todo su explendor, y la que quisiera dar la vuelta hacia ese cálido sur, lejos de heladas y nieblas. ¡Imposible!, a no ser que cada una de esas partes fueran efectivamente dos. Un claro caso de dualidad deseada, de la que tú – Belit Seri – tienes que saber muy bien, aunque dudo si fue un hecho consentido o una imposición por uno de aquellos dioses que decían ser tus amigos.