Cuando el mirlo canta, llega la primavera.

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Lo importante no es el fin del camino sino el camino
LOUIS L’AMOUR
Está anocheciendo: Júpiter será avistado toda la noche; en esta época es más brillante. Se mueve lentamente en Leo. El paso del Sol por el punto situado en Piscis marca el inicio de la primavera. La blanca Espiga de
la Constelación Virgo anuncia fertilidad para los campos.
Habrá abundante cosecha.
Hemos recorrido una senda estrecha, polvorienta, que se hundía en el horizonte azul y que nos ha llevado al interior, en busca de las tribus interesadas en nuestras -ya pocas- mercancías. Al borde del camino hemos visto unas flores que semejan arañas, tienen las hojas dispuestas igual que sus patas. Los cinco pétalos de color blanco azulado, adornan los caminos de esta extraña tierra. Cuatro álamos, solo cuatro, a la izquierda guardan una laguna que se inclina para verter sus aguas en un río cantarín. Hemos acampado. Unas pequeñas aves rapaces, tras su parada nupcial, están atacando a unas culebras que trataban de dormir al lado de unas rocas todavía con el calor del sol. Los vientos nos han alejado de Malaka, son vientos del sur. Estamos sin esperanza de llegar al río Tartesos por mar. El Libro de los Reyes, que me ha dejado mi amigo Atti, cita un lejano país llamado Tarsis, cuyas naves mercantes suministraban al rey Salomón “oro, plata, marfil, monos y pavos reales”. Supongo debe de tratarse del mismo lugar.
Nuestras dos naves se han estrellado contra los acantilados de esta parte de la tierra. Menos mal que antes del naufragio hemos podido salvar mucha mercancía, que nos disponemos, como te he dicho, a vender aquí en el interior, pues pagan mejor que en las costas. Me voy a la tienda a descansar, estamos agotados y de mal temple. Seguiré la escritura.
Buenos días UXA: Parece que refresca un poco, una telaraña resplandece con ayuda del rocío de esta mañana. Hemos visitado el pueblo. Dicen ser ilergetes. Los que hemos dejado en la costa, en la desembocadura de un gran río, son edetanos. Estos últimos vimos que son agricultores fuertes, cultivan la vid, el olivo y los cereales. Tantos unos como otros habitan en poblados
fortificados. Me sorprendió que entre sus costumbres está el baño frecuente. Las mujeres eligen esposo entre los más fuertes, incluso les acompañan en las batallas con sus gritos. En tiempos de paz, como ahora, las mujeres se dedican al hogar, ayudan en la agricultura y tejen preciosas prendas de vestir. Ellas nos compraron perfumes, objetos de vidrio y “garun”, pescado salado. Pagan en monedas, lana y pieles.
Oigo el canto de un pájaro que tiene el pico amarillo anaranjado, como el color de sus ojos. Está cerca de mí, el plumaje negro brillante es hermoso. Su canto es similar al sonido de una flauta, ¿no será Orfeo? Los del lugar me han dicho que anuncia la primavera. Las hembras, de color pardo, están haciendo nidos en forma de cuencos, con hojas secas, hierba y barro.
Va a salir una nave fenicia para Egipto, al mercader que la comanda, viejo conocido de otros viajes en común, le haré entrega de esta carta. Mis pensamientos, como pájaros ateridos, se estrellan con el muro de la distancia que nos separa.
Belit-Seri