http://www.roma-eterna.9f.com/
Epistula hoc tibi facio, Uxa in adventum tuum
“Lo que acontece por amor, acontece siempre más allá del bien y del mal”
Friedrich Nietzsche
Este horizonte tuyo que viene de lejos, vagabundo de caminos deseados, empieza a romper entre una tenue lluvia y una delicada sombra el paisaje de la distancia. Unos músicos callejeros han cruzado esta mañana cerca de mi vivienda, interpretaban nuestra melodía preferida, la de aquel verano en la orilla del Nilo. Por fin después de mucho tiempo ya no solloza tu ausencia, te veo ahora a mi lado, con tu alegría, con tus besos.
Cuando recibí tu carta se estaban afilando los puñales cesaricidas que se clavaron en el cuerpo del César, en las Idus de marzo siguiente. César no tiene hijos, bueno, salvo Cesarión, fruto de la unión con Cleopatra. Pero tu sabes que un egipcio no es el mejor candidato para heredar la convulsa Roma. Es su sobrino Octavio el que aparece en el testamento como hijo adoptivo, el que debe hacerse cargo de
la República. Octavio es muy joven, pero en sus venas corre sangre de león, o ¿tal vez de serpiente?
Yo, como veterano del ejercito de Julio Cesar, me he puesto del lado de Marco Antonio en contra de Bruto y Casio. No sé si he acertado. Casio aboga por la vieja república, la de los optimates, partidarios de una república romana a la vieja usanza, dominada por la oligarquía senatorial y patricia. Tal vez, más adelante, me decida por la postura de Cicerón, que es intermedia.
Octavio está ganando ascendencia en el Senado, ha negociado con los cesaristas y con los republicanos. Está siendo ayudado por su amigo de siempre Agripa y por el aristócrata etrusco Mecenas. El Senado le ha nombrado cónsul. Con Antonio y Lépido forman un triunvirato, con permiso del Senado.
Fui invitado a la boda de Antonio con Octavia, la hermana de Octavio, pues ahora soy un rico hombre de ciudad. También hemos asistido a la ruptura de Octavio con Escribonia y su matrimonio con Livia.
Ya te habrán llegado noticias de la victoria en Accio sobre Marco Antonio, y de su suicidio, y Octavio con ello se ha anexionado Egipto. Ha nacido el Imperio Romano. La paz que existe en las tierras del Imperio ha llevado a la política de Augusto a recortar el ejército y a reducir los gastos militares. Ya no me dedico a la ocupación militar. Como te he dicho antes, tengo una mediana fortuna que me permitirá financiar mis viajes y mi vida autónoma. He asistido estos años al círculo de Virgilio, Horacio, Propercio. Éste nos recitó unas elegías dedicadas a su amada Cintia, de lo más hermoso que se ha escrito; a Ovidio, por sus versos mundanos que irritaron al César, le ha retirado todos los títulos de las bibliotecas y le ha mando al destierro.
Ahora recuerdo al poeta Catulo, muerto diez años antes de que Julio César fuera asesinado. “Iam mens praetrepidans avet vagari, iam laueti studio pedes vigescunt” “Ya mi corazón, impaciente, ansía viajar, ya mis piernas, alborozadas, recobran fuerzas” Tengo muchos deseos de tener contigo una partida de SENTÉ “Pasar a través”, el Juego de las treinta casillas, sobre ese tablero que te regaló tu padre, de tres por diez cuadros. ¡Qué diez piezas de material noble! Y los preciosos ocho bastones. Y la taba de cordero, tan pulida. Siempre querías que las cabezas de tus cinco piezas fueran las que representan a los faraones, y que las mías fueran la que tenían las cabezas de animales y de los demonios. ¡Cuantas veces me capturabas mis piezas aisladas! Y cuando yo caía en la casilla quince “La casa de la Resurrección”, tu caías en la casilla veintiséis ” La casa de la Hermosura”. ¡En cuantas ocasiones me mandaste a la veintisiete, “Tierra de aguas pantanosas”! Por fin llegabas a la treinta y una, y ganabas. ¡Te reías de mi cara de perdedor! Yo no me enfadaba por perder, sino por la cara de tonto que se me ponía.
Si quieres iniciar el camino -no hacia Emérita Augusta- ven a Roma, tal vez podamos ir juntos hacia Jerusalén, se habla que esperan a un enviado de Dios, no sé de cual, pero tengo curiosidad. Judea es provincia romana, hay paz, no temas. Esa esperanza que leo en tus palabras por saber mi verdadero nombre desconocido, lejano, exento de letras corruptas, parece acercarse al arcano, y descubrir el secreto. Mientras, entre mis manos temblorosas, que ofrecen sueños a los dioses sin nombre, guardo caricias a pesar de no verte. ¡Estúpida distancia! Recuéstate en mi pensamiento donde sólo la luz llega, conocerás un íntimo sueño imposible.
Cuando esta carta, ¡Oh mi bella UXA!, llegue a tus manos y la leas, se habrá construido un camino sin fin. Tendidos bajo las sombras de los sauces del camino, osaremos mentir al cielo protector, enloqueceremos de fantasía y un fuego mágico alumbrará las noches sin luna y nos querremos morir antes de volvernos a separar.
Atho