Hay regocijo por ti, Uxa, en tu barco.

A su alrededor se arremolinan los sonidos del pasado. No encuentra forma de evadirse. Se mezclan los días de guerra y sufrimiento con los apacibles en su lejano Egipto. Recuerda el canto del zorzal. Sus melodías invernales alegraban las citas amorosas en las orillas del pantano, que el dios/diosa Hapi, Dueña y Señor del Nilo, había colmado con sus aguas. Como los caballos del Faraón piafan sobre el pavimento del patio real, antes de partir a la guerra, machacan su mente los presagios que tienen ojos negros, negros de pluma de garza.
Lo que le está ocurriendo es la respuesta del miedo al futuro. En el mundo de Atho su espíritu se encuentra y se mece en el absurdo. Es el resultado de la irracional siembra que hizo durante su existencia, hasta estos momentos. Quiso vivir dejando el futuro en manos de suerte. Se le vació el odre de la esperanza.
Pero no se da cuenta que lo mas importante de su existir, el misterio de lo que es, ha llegado. Por fin podrá descubrir el enigma, el misterio de lo que es y de lo que fue. No podía descubrir lo que estaba ocurriendo en su interior. Ahora que uno de los cuatro hijos de Horus, el que vela por la conservación de las vísceras de los muertos, lo mantiene fuera del cuerpo, verá lo que ha sido su vida en realidad. Qué era y adónde ha llegado.
Está sucediendo en las orillas del río que baña y fecunda su jazária, más allá de las Cataratas. Al otro lado del candil eterno que siempre humea, marcando la frontera entre una vida y otra, Atho se ha detenido. El tiempo se alarga, ya puede entrar a borbotones la esperanza. No se suicidará. Entre estos viejos árboles un nudo de soledad dibuja estrellas de rocío. Y centauros de hierba, sobre las zarzamoras, trazan sendas verde malaquita. Uno y otros señalan a los cuervos portadores de las almas de los condenados, el camino a la aldea que duerme al otro lado del ocaso, sin la compañía del Cazador de Sueños.
BELIT-SERI