Friday, July 13, 2007

Días perdidos

 

El sicómoro da sombra a los que no están

A Belit-Seri

No hay días perdidos, sólo quedaron atrás inmersos en la rutina de ausencias y límites. Fueron días incontrolados, los irrepetibles de nuestras inquietas ternuras -el llamado ímpetu de las jóvenes vidas- y las palabras que nos dictaba el Escriba. Dejé esos días y las tierras doradas, y me marché con el alba y los poemas, envueltos en la magia del tiempo y la armonía de nuestros sueños.

No me gustan las musas, Belit-Seri. Presiento que han robado las palabras que te envié. Yo te hablaba de equilibrio, de amor y de confianza, del silencio que es el lenguaje del corazón. Sí, mejor no preguntes por quienes roban lunas y lluvias, por los que se quedan con el color fresa del alba, por los que dejan languidecer la luz. Seré yo quien hará el camino buscando la identidad de esas palabras y las llevaré conmigo, ahí donde estés con el acento infinito de todos nuestros sentimientos conjugados.

 

 

No te entristezcas, no necesitas que nadie te pida poemas para saber de versos ni de la elocuencia para amar. Sí necesitarás del lenguaje, del alfabeto que te puedan ofrecer los árboles, para escribir esas cartas de amor y regresar a los sueños. Identifícate con los árboles, acércate a ellos, a su sombra deseada, y su fruto será dulce a tu paladar. Altos y resistentes, serán ellos –y no las musas- los que favorecerán tu manera de escribir.

“A su sombra deseada me senté

y su fruto fue dulce a mi paladar”

Cantar de los cantares 2:3

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Monday, July 9, 2007

El árbol de la sabiduria

El verde de los árboles es parte de mi sangre

 Fernando Pessoa

 

 

Uxa ha visto los cipreses más altos esta mañana; parecían sentir sed de azules en su elevada tristeza. Tienen una sombra noble y delgada que le hace añorar la figura del Escriba aún tan lejana. Son árboles centenarios y generosos que buscan el equilibrio en el ciclo de la vida.

 

 

 

Uxa conoce su lenguaje, y ha aprendido a amar y confiar en ellos desde que Belit-Seri le inició en el espíritu de los bosques. Él ya no es aquel guerrero que seguía al Faraón; ahora es  uno de los sabios del bosque, druida que guarda la palabra porque sabe que la fuerza está en el silencio. Como ellos se comunica en el lenguaje de los árboles, recolectando hojas que luego usan como alfabeto.

 

 

 

Uxa entra poco a poco en el corazón de esta naturaleza donde hay voces de árboles, rumores de hojas y música de agua que no le hacen sentirse tan sola. En su recuerdo están todavía las cálidas noches a las orillas del Nilo, el árbol Celeste, los paseos a la sombra de las palmeras. Es el inicio del verano cuando Uxa llega a esta aldea pequeña. La gente es valerosa y desafiante, fuerte como un jabalí. Para celebrar el solsticio recogen el rocío y la flor del saúco, que les protege de la magia negra. Hay robles y tejos, las encinas son respetadas por su carácter espiritual. Se pregunta si la magia de esta naturaleza le devolverá al Cazador de Sueños, tan valiente como ellos.

Pero Belit-Seri ya no está aquí. Hay  noticias de la llegada de algunos druídas a una tierra más lejana, con una identidad rodeada del misterio de sus bosques. Aunque de presencia agreste fue codiciada por los Scotti que consiguieron conquistarla. Entre ellos están los celtas, alegres y poéticos, que reciben a los viajeros con hospitalidad. Uxa seguirá el camino hasta allí, en busca del árbol que conoce la palabra. Será el arbol que le hable de Belit-Seri y le ayude a saber el lugar donde puede encontrarlo, será el árbol que enlace sus leyendas.

 

 

 

 

  

 

 

 

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