Al Hamra, residencia real
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Belit-Seri, te siento cansado, tus palabras en desequilibrio. Conjugas las letras con un deje de despego y melancolía indefensa. Después de tantos años de fuga se ha ido acumulando en tus pasos la arena de todos tus desiertos transitados. Me desconcierta esa especie de indolencia desolada cuando te aferras a los recuerdos; debes de saber que la mayoría de ellos no llegan a conocer su futuro. No te engañas si presientes mis celos por el encanto de aquellos días cerca de las Aguas Sagradas. Ellas ya no me exigirán más ofrendas, y no comprendo ese empeño tuyo en encontrar el oráculo para hacerlas realidad. ¿No sabes que Herodoto tampoco conocía el lugar exacto de Amón? Te recomiendo prudencia en Siwa, las arenas traicionaron hasta al mismo rey de Persia, que quedó allí enterrado con todo su ejército.
Sabes, Belit-Seri, no es difícil encontrarme. Si me llamaras no habría fronteras ni horizontes inalcanzables, ni aguas ni caminos inseguros que no consiguiera cruzar. Pero no he recibido de tí nada más que papiros, una literatura dictada por el Escriba del Faraón. Ahora estoy lejos. En esta ciudad asediada en que me encuentro, he visto en los ojos de la gente la misma mirada de incertidumbre que presiento en ti. También conocen el miedo a ese tiempo que saben ausente de promesas para ellos.
Aquí todavía es verano, y en los jardines de la residencia real disfrutamos aún de paz, y del frescor del agua arrastrada del Darro; el agua, música sonora en fuentes, acequias y aljibes; agua para una exuberante vegetación, rica en perfumes. En este lugar de armonía y sosiego, trato de no perturbar el alma con imágenes de emociones frustradas y la irresistible tentación que siento de conocer tu nombre verdadero. Me recupero. Es este lugar el que me ha hecho conocer que hay algo más que está sobre los sentimientos humanos. Acércate a mí, Belit-Seri, no temas encontrarte cara a cara conmigo. El tiempo es el que no perdona. Por una vez el oráculo ha hablado la verdad: el agua, elemento de vida, es cómplice que nos hace girar en su círculo hasta acercarnos las orillas.
Ahora ya sabes dónde tienes que buscarme. Sirio cumplirá la promesa de protegerte.
Uxa