Shawq: “la excitación del corazón por encontrarse con el amado”
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Caminas como siempre hacia mí, con el anhelo de un tiempo libre de impuestos y promesas caducadas, buscando una dimensión diferente que tenga acentos de paz. Estos sueños ceden a tus deseos, y predicen un futuro fertil en alcanzables confines, un mundo de dioses amables y espíritus que valoren tu amor a la Verdad. No te falta esperanza, Belit-Seri, pero … ¡qué equivocada es la imagen que tienes de la liberdad! No será ella, esa libertad que piensas te espera en este lado del destino, la que te hará encontrar un pueblo libre de miedos e invasiones, un pueblo sin ruinas y sin hambre, sin muertes que perduren en la historia.
Esto sucede también aquí, en esta tierra de olivos, azúcar, naranjas y nardos. Tierra de gente tolerante y de oración, que sabe leer y escribir, que aman la ciencia y el arte. La belleza del lugar, a los pies de Sierra Morena, la ha hecho favorita del califa. Amplios jardines y huertas rodean los palacios y mezquitas. Columnas, arcos de marfil y ébano, jaspe, oro y piedras preciosas adornan las salas donde el califa recibe a jefes y embajadores. La ciudad, Medinat al-Zahra, está sufriendo la tristeza y el dolor de ver como bereberes -que llegaron desde el Estrecho- van dejando todas sus riquezas calcinadas, hasta que sólo quede el nombre de la medina para la historia. ¡Qué tristeza ver extinguirse tantas vidas, qué será lo que impulsa a esta destrucción …¡ No era esto lo que el anhelo me hizo desear.
Belit-Seri, yo no me niego a pensar en el significado de estas pérdidas, porque es lo único que me hará saber lo que me espera en esta provincia de Al andalus. No debo olvidar el tiempo que todavía tengo para seguir y encontrarme contigo. Ahora mi destino también está en Córdoba, aunque se oyen ya cerca rumores de otros reinos cristianos que tratarán de expulsarnos de aquí. Mientras, la vida de los mozárabes, muladíes y judios entre calles sinuosas y estrechas, en patios floreados, y baños públicos, no parece presagiar signos contrarios en el tiempo. La actividad cultural sigue esquiva a cualquier impedimento. Me gusta visitar las bibliotecas, los expectáculos musicales y poéticos. También aquí he aprendido el juego del Ajedrez, pero aún se me resisten las ocho piezas y los ocho peones y no he conseguido dar mate al rey.
Te confieso que me he dejado seducir por esta tierra de ensueño, sus campos, sus sabores, su olor y la luz. Sin embargo no me conformo sólo con el espíritu de esta naturaleza con carácter de paraíso y sigo la búsqueda de quien no me quiso decir todavía su nombre y poder así “alguna vez, acaso, retornar a la querida tierra, a calmar mis angustias y a sosegar mi lecho, mi alma trágica”, como bien dice Ben Jafaya de Alcira.
Uxa

